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Iniciamos el Adviento

El Adviento es el comienzo del Año Litúrgico, empieza el domingo 28 de noviembre y termina el 24 de diciembre. Son los cuatro domingos anteriores a la Navidad y forma una unidad con la Navidad y la Epifanía.

El término "Adviento" viene del latín adventus, que significa venida, llegada. El color usado en la liturgia de la Iglesia durante este tiempo es el morado. Con el Adviento comienza un nuevo año litúrgico en la Iglesia.

El sentido del Adviento es avivar en los creyentes la espera del Señor.

La corona o guirnalda de Adviento es el primer anuncio de Navidad, ¿Ya tienes preparada la tuya?

Te compartimos estos sencillos pasos a seguir para su elaboración, junto con su significado:

1.    La Corona de Adviento, es un círculo de follaje verde sobre el que se insertan cuatro velas. El círculo nos recuerda que Dios no tiene principio ni fin, que es eterno.

2.    Sobre las ramas se ponen cuatro velas, una por cada semana de Adviento. Las velas simbolizan la próxima venida de la celebración de la Navidad, cuando Cristo, “Luz del Mundo” nació en Belén de Judea

3.    Se enciende una nueva vela cada Domingo de Adviento y al mismo tiempo se hacen oraciones especiales. Tres son moradas (color litúrgico del Adviento) y una es rosa. El orden de las velas es: morado, morado, rosa, morado. Van de acuerdo con los colores litúrgicos de cada Domingo de Adviento.

4.    Los domingos de Adviento, reúnete con tu familia, en torno a la corona de Adviento y enciendan la vela que representa ese domingo (encendiendo las velas de los domingos precedentes). Entonces leen una lectura bíblica, se hace una pequeña meditación y se alaba al Señor con cantos.

No olvides rezar la oración en familia, te compartimos la siguiente para la bendición de tu Corona de Adviento:

La tierra, Señor, se alegra en estos días,
y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor,
que se acerca como luz esplendorosa,
para iluminar a los que yacemos en las tinieblas
de la ignorancia, del dolor y del pecado.
Lleno de esperanza en su venida,
tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del bosque
y la ha adornado con luces.
Ahora, pues, que vamos a empezar
el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo,
te pedimos, Señor, que mientras se acrecienta cada día
el esplendor de esta corona, con nuevas luces,
a nosotros nos ilumines con el esplendor de aquel que,
por ser la luz del mundo,
iluminará todas las oscuridades.
Él que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.

 

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San José y su rol en la historia de salvación, al centro de la Catequesis del Papa

Continuando con su ciclo de catequesis sobre la figura de San José, el Papa Francisco reflexionó durante su Audiencia General de esta mañana, sobre el rol del padre adoptivo de Jesús en la historia de salvación. Asimismo, el Pontífice recordó que todos podemos encontrar en San José, a un hombre "que pasa inobservado", de presencia discreta e inadvertida pero que actúa como un intercesor, "un apoyo y una guía fundamental en los momentos de dificultad".

 

Prosiguiendo con su ciclo de catequesis sobre la figura de San José, y hablando en italiano, el Santo Padre se detuvo a reflexionar sobre su rol en la historia de la salvación.

 

Francisco explicó que Jesús en los Evangelios es indicado como «hijo de José» (Lc 3,23; 4,22; Jn 1,45; 6,42) e «hijo del carpintero» (Mt 13,55; Mc 6,3), por tanto, los Evangelistas Mateo y Lucas, dan espacio al rol de José al narrar la infancia de Jesús: «Ambos componen una "genealogía", para evidenciar la historicidad de Jesús», añadió el Pontífice haciendo hincapié en que los dos evangelistas "presentan a José no como padre biológico, pero sí como padre de Jesús en toda regla".

 

En este sentido, el Papa subrayó que, a través de José, "Jesús realiza el cumplimiento de la historia de la alianza y de la salvación transcurrida entre Dios y el hombre", y destacó que para Mateo "esta historia comienza con Abraham", mientras que para Lucas empieza "con el origen mismo de la humanidad".

 

El evangelista Mateo nos ayuda a comprender que la figura de José, "aunque aparentemente marginal, discreta, en segunda línea", representa sin embargo una pieza fundamental en la historia de la salvación: "José vive su protagonismo sin querer nunca adueñarse de la escena".

 

De esta manera todos pueden encontrar en San José, el hombre que pasa inobservado, el hombre de la presencia cotidiana, discreta y escondida, pero que a la vez es un intercesor, un apoyo y una guía fundamental en los momentos de dificultad.

 

“Él nos recuerda que todos aquellos que están aparentemente escondidos o en «segunda línea» tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación. El mundo necesita a estos hombres y a estas mujeres”

 

Por otra parte, el Obispo de Roma observó que en el Evangelio de Lucas, José aparece como el custodio de Jesús y de la Virgen María: “Y por esto él es también el Custodio de la Iglesia, porque la Iglesia es la extensión del Cuerpo de Cristo en la historia, y al mismo tiempo en la maternidad de la Iglesia se manifiesta la maternidad de María. José, a la vez que continúa protegiendo a la Iglesia, sigue amparando al Niño y a su madre, y nosotros también, amando a la Iglesia, continuamos amando al Niño y a su madre”

 

Además, Francisco manifestó que una sociedad como la nuestra, que ha sido definida “líquida”, encuentra en la historia de José una indicación bien precisa sobre la importancia de los vínculos humanos.

 

"De hecho -dijo el Santo Padre- el Evangelio nos cuenta la genealogía de Jesús, además de por una razón teológica, para recordar a cada uno de nosotros que nuestra vida está hecha de vínculos que nos preceden y nos acompañan. El Hijo de Dios, para venir al mundo, ha elegido la vía de los vínculos".

 

El Papa dedicó un pensamiento especial a todas las personas a las que les cuesta encontrar vínculos significativos en su vida, "y precisamente por esto cojean, se sienten solos, no tienen la fuerza y la valentía para ir adelante".

 

El Papa Francisco concluyó su alocución compartiendo con todos los fieles una oración para que los ayude, "y nos ayude a todos nosotros", a encontrar en San José un aliado, un amigo y un apoyo.

 

San José,

tú que has custodiado el vínculo con María y con Jesús,

ayúdanos a cuidar las relaciones en nuestra vida.

Que nadie experimente ese sentido de abandono

que viene de la soledad.

Que cada uno se reconcilie con la propia historia,

con quien le ha precedido,

y reconozca también en los errores cometidos

una forma a través de la cual la Providencia se ha hecho camino,

y el mal no ha tenido la última palabra.

Muéstrate amigo con quien tiene mayor dificultad,

y como apoyaste a María y Jesús en los momentos difíciles,

apóyanos también a nosotros en nuestro camino. Amén.

 

 

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