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MENSAJE DEL DIRECTOR.

 

DOMINGO XIII ORDINARIO

Pbro. Jorge Antonio Luna Casillas

 

La vocación al sacerdocio

              En el Evangelio de hoy, aparecen algunos elementos de la vocación al sacerdocio:          A quien le dijo a Jesús: te seguirá a donde vayas, Jesús le responde: “Las zorras tienen sus madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza “. Con esas palabras se está indicando  bien claro, que quien quiera seguir a Jesús ha de desembarazarse de los bienes materiales. En la misma forma se le dice al joven rico: “Anda, vende cuanto tienes y dalo a los pobres. Luego, ven y sígueme “.    Otro más que es invitado a seguir a Cristo, le dice: “Déjame primero ir a enterrar a mi padre”. Y Jesús le contesta: “Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú vete a anunciar el Reino de Dios.” Aquí aparece un elemento más: la renuncia a los efectos humanos, para que se tenga plena libertad para dedicarse a ejercitar la misericordia de Dios hacia los demás, anunciando el Reino.  En otras palabras se necesita la perseverancia. Cuando se trata de seguir a Jesús no podemos estar diciéndole tantito que sí y tantito que no, no podemos ser llamaradas de petate. Se trata de una decisión firme y de un compromiso para siempre. El elemento cumbre es el tomar la decisión de ir con Jesús a Jerusalén. El seguimiento de Cristo reviste a la persona de un nuevo ser, que lo convierte en instrumento de la misericordia de Dios. Pero así como Jesús fue clavado en la cruz para que se convirtiera en causa de salvación para todos los hombres, el sacerdote también tendrá su viaje a Jerusalén, compartiendo con Jesús su pasión y muerte.

            Hemos de pedirle a Dios por sus sacerdotes, especialmente por quienes estén apartados de Dios; para que Jesús los busque, regresen y se pongan a trabajar en el Reino de Dios.  Hemos de pedirle a Dios que suscite vocaciones en nuestro ambiente; pero también hay que hablar a los hijos y a las hijas para que sigan a Jesús. Entregar a un hijo a su vocación sacerdotal o religiosa de una mujer, es darle a Dios algo de la propia carne. Esta vocación  sacerdotal o religiosa será la mejor bendición para esos padres.

            Y por fin, hemos de colaborar en la obra de Dios, siendo los ojos, las manos y los pies de Cristo en la obra de sacerdote. Por eso hemos de colaborar en la iglesia, como la organización parroquial, en la catequesis de niños, de adultos, o en alguno de tantos ministerios, como son necesarios en la vida moderna.

 

 

 

 

 

EVANGELIO DEL DÍA

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