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MENSAJE DEL DIRECTOR

DOMINGO 33 ORDINARIO

 

Pbro. Jorge Antonio Luna Casillas

 

 

La manifestación de Nuestro Señor Jesucristo.

Vamos a ver ahora el mensaje del Evangelio respecto a esta manifestación.

Esta venida es ciertamente repentina e imprevisible: “Y como aconteció en aquellos días antes del  diluvio, en que las gentes comían y bebían, en que se casaban y se daban en nupcias, hasta que Noé entró en el arca, y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y se llevó a todos; así será la venida del Hijo del hombre”.  Pero el día y la hora nadie sabe, ni los ángeles, ni el Hijo (como hombre), sino solamente el Padre. Atendamos mejor a las disposiciones de su espera:  “Y conviene primero que sea predicado el Evangelio a todas las gentes”. Esta es la máxima preparación para ese día: es necesario que estemos atentos a la predicación del Evangelio a todas las gentes y en todas partes. La predicación del Evangelio es la esencia misma de la Iglesia. Que el Señor no nos encuentre ociosos, sino colaborando activamente en las cosas que pertenecen  al reino de Dios. Hemos de advertir su presencia en todos los acontecimientos, porque se viene abriendo paso, una nueva creación, nuevos cielos y nueva tierra. Recordemos lo dicho por los ángeles a los apóstoles: “¿Por qué estan parados mirando al cielo? Este Jesús que separándose de nosotros se ha subido al cielo, vendrá de la misma suerte que le acaban de ver subir allá”. No debemos, pues estar parados, sino completamente activos en la predicación del Evangelio, en la extensión del reino de Dios. Se anuncian también grandes persecuciones. Los que creen en Cristo serán llevados a la cárcel, a los tribunales y darán testimonio de su fe. No se preocupen entonces por lo que van a responder, porque no responderán ustedes sino el Espíritu Santo, y no podrán contradecirlo, ni resistir su sabiduría.  Y ¿Cómo hemos de esperar a Cristo?

       En pocas palabras, no nos entreguemos al vicio, a la bebida y a los cuidados de esta vida. No sea que ese día nos sorprenda como una trampa. En forma positiva, debemos esperarlo con alegría, y con amor, con paciencia, interesándonos por los demás, entregándonos al trabajo y practicando el bien.  En suma, Cristo vendrá sin duda al final de los tiempos; pero no sabiendo el día, ni la hora precisa, debemos estar siempre preparados. A esto nos amonesta el mismo Jesús.  Vendrán catástrofes y persecuciones; pero éstas no son otra cosa que señales de liberación y de vida. Jesús nos debe encontrar orando siempre, y esperándolo con alegría, con amor y colaborando en el advenimiento del reino, por medio de la predicación del evangelio.

“Lo que uno siembre, eso cosechará. El que siembre en su carne; cosechará la corrupción de la carne; el que siembra en el espíritu, del espíritu cosechará la vida eterna”. Sembremos pues, en el espíritu, y esperemos con alegría, la venida gloriosa de Jesucristo, nuestra esperanza.

 

EVANGELIO DEL DÍA

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