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El amor no es como lo pintan


 

El amor no es como lo pintan

Carmen Ortiz/ Escritora

 

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El amor, es sin duda el sentimiento más grande y maravilloso que hay. Sin embargo, vivimos en un mundo tan cambiado que hasta el sentido del amor ha cambiado y en ese sentido confundimos lo que es el amor por lo que es un querer o una simple necesidad.

 

Quizá podamos identificar el amor en la forma más pura cuando pensamos en nuestros hijos, porque ¿qué no haríamos o daríamos por ellos? Por verlos, siempre sanos, felices, plenos… Nada nos detiene cuando se trata de ellos, porque los amamos y eso es el amor; dar y dar sin esperar nada a cambio, igual ama una madre a su hijo sano que al enfermo, al que es un prodigio en la escuela que al que saca malas notas, igual al que se ha hecho un hombre o mujer de bien que al que anda en malos pasos, lo mismo ama al que le da alegrías que al que sólo le da tormentos y noches sin dormir. Amor, eso es lo que nos lleva a aceptar sin reparos, sin quejas.

 

¿Pero qué pasa cuando el amor se siente por una pareja? ¿Podemos sentir amor en esa misma medida? ¿Aceptamos a la persona tal cual? ¿Sin reparos, sin quejas? ¿Sin la esperanza de que esa persona cambie? Creo que la mayoría diríamos que no. Es aquí donde quizá confundimos el amor con cariño o necesidad.

 

“—Te amo —le dijo el Principito.

—Yo también te quiero —respondió la rosa.

—Pero no es lo mismo —respondió él, y luego continuó— Querer es tomar posesión de algo, de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las expectativas personales de afecto, de compañía. Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto nos reconocemos carentes. “(El Principito de Saint-Exupéry)

 

Todos pasamos por diferentes situaciones que nos marcan como seres humanos, y nos hacen diferentes unos de otros. Y que definirán lo que somos y lo que nos amamos; sin duda el amor propio también define la forma en que amamos a los demás. Pero muchas veces este amor propio sólo es egolatría, y es ahí donde el amor hacia los demás se convierte en vano cariño. Porque como bien dice la frase antes citada, querer es esperar algo de los demás, cuando queremos a una persona nos generamos expectativas, nos apegamos a las personas y cosas de acuerdo a nuestras necesidades y carencias, ya sean emocionales o materiales, y al no obtener esas expectativas, esa reciprocidad de sentimientos es que obtenemos dolor, querer duele porque queremos hacer nuestro algo que no lo es.

En cambio, el amor; el amor lo da todo. Es aceptación de la persona tal cual es,  es dejar que esa persona crezca a tu lado o lejos de ti, porque amar es desear lo mejor para quien se ama, sin pedir ni esperar nada a cambio, permanecemos a su lado esperando dejar en cada momento vivido algo de felicidad en él o ella, porque su alegría y crecimiento nos dará la nuestra, no importa si es una pareja, un padre o madre, hermano, hermana, hijo, hija, etcétera. Darnos por completo, abrir nuestro corazón y alma, eso también implica que dentro de su corazón estaremos nosotros, consecuentemente, y eso nos dará alegría; porque lo que damos es lo que somos y recibimos, y dar en el amor no empobrece sino al contrario, por eso dar amor no acaba con él, sino que lo hace más grande y fuerte, además de darte felicidad.

 

—Amar es permitir que seas feliz, aun cuando tu camino sea diferente al mío. Es un sentimiento desinteresado que nace en un donarse, es darse por completo desde el corazón. Por esto, el amor nunca será causa de sufrimiento…

—Ahora lo entiendo —contestó ella después de una larga pausa.
—Es mejor vivirlo —le aconsejó el Principito. (El Principito de Saint-Exupéry)

 

Así pues, sigamos este consejo que nos da quizá uno de los personajes literarios más queridos. ¡Vívamos el amor!

 

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