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Mi trato con delincuentes es para vivir en paz: Obispo de Chilpancingo

 

 Dentro de la Iglesia Católica la línea de oro es el diálogo; nos debemos sacudir el miedo: Mons. Rangel Mendoza.

 

El pasado 28 de mayo, en la Catedral de Chilpancingo, el obispo de esa diócesis, Mons. Salvador Rangel Mendoza ofreció una conferencia de prensa tras la Misa de acción de gracias celebrada con motivo de la 51º Jornada de las Comunicaciones Sociales; ahí, frente a los medios de comunicación, lamentó que, tras dialogar con algunos miembros del crimen organizado que operan en la entidad, se ha suscitado un alejamiento entre él y las autoridades del estado.

 

       En entrevista para Desde la fe, Mons. Rangel Mendoza explicó que tomó la decisión de dialogar con estas personas ante la situación de violencia e inseguridad que se vive en el territorio guerrerense, debido a las pugnas que hay entre diferentes grupos de la delincuencia organizada. “La finalidad es mantener la paz y la tranquilidad en la región”.

 

Añadió que si bien el Gobierno del Estado de Guerrero ha intensificado la seguridad con elementos de la Marina, el Ejército y la Policía Estatal, esta disposición funciona momentáneamente, pues al verse amenazados, los delincuentes sólo cambian de lugar.

 

Consideró que la molestia de los diversos poderes en Guerrero se debe principalmente a que la Iglesia Católica sí tiene canales de diálogo para con estos grupos, que en su mayoría proceden de otros estados de la República Mexicana como Michoacán, Estado de México y Puebla.

 

Insistió en que la táctica de diálogo directo con ellos ha sido para evitar que se generen más problemas y abusos hacia los sacerdotes, a quienes han querido extorsionar, lo mismo que a los seminaristas, religiosas y catequistas.

 

 

 

El Obispo dio a conocer que en Tlapa se había presentado uno de estos grupos con la intención de cobrar el derecho de piso a la Catedral, transacción que finalmente no se consumó debido a que llegó otro grupo para desplazar al primero. Así se lo hizo saber a él el obispo de esa diócesis, Mons. Dagoberto Sosa Arriaga.

 

Otro caso fue el de un sacerdote de Chilpancingo, quien le llamó para informarle que lo habían amenazado: “Al día siguiente, me logré comunicar con el amenazador y posteriormente me presente con él; le dije que a todos nos convenía que no se perjudicara al sacerdote, pues de lo contrario los mismos católicos y el gobierno se les iban a ir encima. Le pedí que dejaran en paz al padre, y el hombre aceptó”.

 

Para el Obispo de Chilpancingo, la Iglesia debe buscar siempre el diálogo, la comprensión, la tolerancia y el perdón con quien sea. En esa línea –consideró– “es necesario encontrarse, verse a la cara, mirarse a los ojos, para entendernos unos a otros”.

 

“Si nos arrinconamos en una esquina y no vemos a la otra persona, no habrá una solución. Dentro de la Iglesia Católica la línea de oro que tenemos es el diálogo; nos debemos sacudir el miedo, vale la pena arriesgarse por la gente; así es como debe trabajar un auténtico pastor. Como dice el Papa, hay que ir a las periferias; ¿si uno no sale a dar la cara a estas personas, quién lo va a hacer? Yo no soy de la opinión de escondernos y darle la vuelta a los problemas”.

 

Afirmó que las personas de Guerrero son sumamente religiosas, y que incluso los miembros de este tipo de agrupaciones delincuenciales también necesitan de atención espiritual. “También bautizan, se casan y celebran los funerales. Cuando voy a estos territorios, les hago saber que voy a ofrecerles el Evangelio y los sacramentos”.

 

 

Para finalizar, se dirigió a las instituciones gubernamentales: “Ese discurso triunfalista de que todo va bien, de que no hay problemas ni dificultades, en el fondo lo que busca ocultar es la verdad. Así no vamos a llegar a nada. El principio de una solución es reconocer la enfermedad para después atacarla

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