Una sola radio, una sola misión

Confirmado, el Papa irá a Panamá en 2019

 

 

 

In occasione della prossima Giornata Mondiale della Gioventù che si celebrerà a Panamá, e accogliendo l’invito del Governo e dei Vescovi panamensi, Sua Santità Papa Francesco si recherà in Panamá dal 23 al 27 gennaio 2019.

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Con ocasión de la próxima Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en la ciudad de Panamá, y acogiendo la invitación del Gobierno y los Obispos panameños, Su Santidad el Papa Francisco visitará Panamá del 23 al 27 de enero de 2019.

 

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Familias de todo el mundo esperan al Papa en Dublín

 

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Familias de todo el mundo esperan al Papa en Dublín

Del 22 al 26 de agosto miles de personas se reunirán en Irlanda para participar en el encuentro Mundial de las Familias, que contará con la presencia del Papa Francisco y que lleva como lema: "El Evangelio de la familia, alegría para el mundo”.

Ciudad del Vaticano

Falta menos para que empiece el Encuentro Mundial de las Familias que se celebrará del 22 al 26 de agosto de 2018, en Dublín, Irlanda y que contará con la presencia del Papa Francisco durante el festival de las familias y la Misa de Clausura.

Mientras se lleva a cabo los últimos preparativos para este gran evento de la Iglesia Universal, compartimos este video promocional difundido por la Arquidiócesis de Dublín en su página web y que está disponible en varios idiomas.

La Iglesia: Una familia de familias

Recordamos que el lema para este IX Encuentro Mundial de Familias es “El Evangelio de la familia, alegría para el mundo”. Y precisamente a esta alegría del amor experimentado en la familia, que es también la alegría de la Iglesia, hace referencia este video, subrayando que la Iglesia Católica es "una familia de familias".

“Nuestro Santo Padre el Papa Francisco está animando a familias de todo el mundo a venir a Irlanda en el 2018 para celebrar la vida de familia y su importancia en la sociedad", expresa asimismo en el video, el Prefecto del Dicasterio para los Laicos, Familia y Vida, el Cardenal Kevin Farrell.

El Purpurado también es uno de los responsables de la organización de este evento.

El pasado Encuentro Mundial de las Familias se realizó en Filadelfia (Estados Unidos) en el 2015. Unas jornadas inolvidables que contaron con la participación de 18 mil personas en las actividades generales y más de 900 mil en la Misa de Clausura con el Papa Francisco.

En esta ocasión se espera que el encuentro en Dublín tenga la misma repercusión y que se cumpla el mensaje del video promocional:

“Cada sociedad, cada persona percibe un vínculo universal, un vínculo que nos conecta: la familia. Esperamos recibir a gente de cada rincón del mundo en nuestras costas para  vivir juntos este Encuentro Mundial de las Familias en 2018”.

 

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Nuevas diócesis para nuestro país

 

 

 

Así quedarían estructuradas dos de las tres nuevas diócesis desmembradas de la Arquidiócesis de México, según los informes presentados al Card. Carlos Aguiar Retes, al Nuncio Apostólico y al responsable en el Episcopado para la Creación de Diócesis y Provincias Eclesiásticas.

Abimael César Juárez

Como se informó en este semanario, con la finalidad de brindar una mejor atención pastoral al Pueblo de Dios, el cardenal Carlos Aguiar Retes propuso recientemente la creación de tres nuevas diócesis desmembradas del territorio de la Arquidiócesis Primada de México: Azcapotzalco, Iztapalapa y Xochimilco. Está iniciativa se desarrollará dentro de todo un proceso, en el que uno de los momentos importantes será la aprobación del Episcopado en la asamblea de noviembre próximo. Una vez que se conozca el parecer de los obispos de México, los resultados se turnarán a la Nunciatura y después a Roma; finalmente, será el Santo Padre Francisco quien tome la decisión definitiva.

En la edición número 630 de Eco Semanal, el obispo auxiliar Jesús Antonio Lerma Nolasco detalló cómo quedaría estructurada la Diócesis de Iztapalapa, que corresponde a lo que actualmente es la VII Vicaría, por lo que en esta ocasión toca el turno a lo que serían las diócesis de Azcapotzalco (I Vicaría) y Xochimilco (VIII Vicaría).

 

Diócesis de Azcapotzalco

En entrevista para Desde la fe, el obispo auxiliar en la I Vicaría “Santa María de Guadalupe”, Mons. Florencio Armando Colín Cruz, apuntó que a la Diócesis de Azcapotzalco se le asignaría como jurisdicción el territorio comprendido en esta primera zona pastoral, ubicada en la Alcaldía de Azcapotzalco, aunque abarcaría parte de otras dos alcaldías: Gustavo A. Madero y Miguel Hidalgo. La sede del obispo diocesano se ubicaría en la Parroquia de los Santos Apóstoles Felipe y Santiago, que sería elevada a la dignidad de Catedral por encontrarse en ella la cátedra del obispo.

En tanto, la sede administrativa quedaría ubicada en la calle de Guanábana #322, en la colonia Hogar y Seguridad, también en Azcapotzalco, mientras que la Casa Arzobispal o Casa Episcopal estaría ubicada en la parte trasera de la Catedral. Los decanatos estarían contemplados en dos zonas pastorales: Azcapotzalco y Gustavo A. Madero.

El obispo recordó que durante la inspección para la creación de la nueva diócesis –en la que estuvieron presentes el Card. Carlos Aguiar Retes, el nuncio Franco Coppola y Mons. Eugenio Lira Rugarcía, responsable en el Episcopado para la Creación de Diócesis y Provincias Eclesiásticas– se expusieron distintos planteamientos para la atención pastoral de los fieles, entre ellos, que los pueblos autóctonos quedaran bajo la misma diócesis con el fin de mantener su religiosidad popular y la delimitación del mapa territorial.

Por otra parte, dijo que dado que históricamente el Arzobispo Primado de México es el custodio Mayor del Ayate de la Santísima Virgen de Guadalupe, sería necesario reorganizar el territorio, lo cual debe resolverse desde Roma a partir de una serie de propuestas que ya le fueron presentadas al Nuncio Apostólico.

Actualmente la I Vicaría tiene 72 parroquias, 40 capillas y seis rectorías, que son atendidas por 130 sacerdotes, de los cuales 90 de ellos son diocesanos y 40 religiosos, mismos que asisten espiritualmente a un aproximado de un millón 300 mil personas; sin embargo, el número de parroquias, sacerdotes y habitantes cambiará una vez que se defina el territorio de la nueva diócesis, de acuerdo a las propuestas que fueron presentadas a Roma.

Mons. Armando Colín dijo que continuará trabajando para que esta zona pastoral siga viviendo en un permanente estado de misión, en una Iglesia sinodal, participativa, de puertas abiertas, en diálogo con el mundo, compartiendo alegrías y esperanzas, angustias y tristezas; en un camino que inició desde antes de la llegada del cardenal Corripio Ahumada. “He apostado por promover una diócesis con la esperanza de que se evangelice más a fondo a las familias, en la que los pobres sean dignificados, los ancianos y los niños sean cuidados; en la que los jóvenes sean atendidos mejor en sus necesidades espirituales para que sean el motor de una comunidad más vigorosa y con más vocaciones”.

Para finalizar Mons. Florencio Armando Colín Cruz explicó que la división de la Arquidiócesis de México no es algo nuevo, sino algo que se había pensado desde el tiempo de Mons. Corripio Ahumada. “El arzobispo emérito Norberto Rivera Carrera tuvo también esa inquietud, pero pensó que sería mejor conservarla como estaba, y decidió consolidar las vicarías; con la llegada del Card. Carlos Aguiar Retes ese proyectó cobró vida, aunque pensamos que, por la forma de gobierno pastoral que se llevaba, se fue preparando todo para que se diera ahora este paso tan importante”.

Mons. Colín aseguró que para la creación de las nuevas diócesis el Card. Carlos Aguiar aplicó dos criterios: el pastoral y el espiritual, con el objetivo principal de atender al pueblo santo de Dios, en sus problemas y conflictos naturales de una gran ciudad.

 

Diócesis de Xochimilco

 

En cuanto a lo que sería la Diócesis de Xochimilco, de acuerdo con información proporcionada por la VIII Vicaría “San Juan Bautista”, esta Iglesia particular ocuparía los perímetros territoriales de tres delegaciones: Xochimilco, Milpa Alta y Tláhuac; la sede y la casa episcopal quedarían asentadas en la Parroquia de San Bernardino de Siena, donde actualmente se encuentra la sede de la vicaría.

 

La decisión del Arzobispo de México de convertir la VIII Vicaría en diócesis, obedeció en primer lugar a su dimensión, pues es una zona pastoral que ocupa unos 500 kilómetros cuadrados, de los mil 485 que tiene la Ciudad de México. Además, un factor importante fue la densidad poblacional, pues en las cinco delegaciones políticas que abarca este territorio pastoral se cuenta con 1 millón 130 mil 453 habitantes, cuando la media mundial de las diócesis es de 350 mil habitantes”.

 

La VIII Vicaría comprende actualmente las delegaciones Xochimilco, Milpa Alta y Tláhuac, mismas que se han propuesto como zonas pastorales, así como la zona rural de Tlalpan y una pequeña parte de Iztapalapa.

 

Hoy en día se cuenta con cinco decanatos, en los que hay 36 parroquias y 11 rectorías. Se tienen 80 sacerdotes, de los cuales 55 son diocesanos y 25 religiosos; de estos últimos, 12 están en institutos y 13 en parroquias. Es decir, que en la Vicaría hay un sacerdote por cada 14 mil 130 habitantes.

 

Según la información proporcionada, para que coincidiera las distribución pastoral y territorial de la nueva diócesis, cuatro parroquias del quinto decanato quedarían adscritas a lo que sería la Diócesis de Iztapalapa –también bajo proceso de creación–, mientras que las Iglesias de las colonias La Nopalera y Del Mar, ubicadas en los límites con Tláhuac, formarían parte de la Diócesis de Xochimilco. San Lorenzo Tezonco, Lomas de San Lorenzo, Año de Juárez y López Portillo podrían pasar a formar parte de la VII Vicaría; en tanto que las parroquias Santo Tomás Ajusco, San Miguel Arcángel Topilejo, San Pedro Mártir de Verona, San Andrés Totoltepec –ubicadas en Tlalpan– pasarían a la VI Vicaría.

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Concepción Cabrera de Armida, la Mujer del Siglo XXI

 

 

Concepción Cabrera de Armida, la Mujer del Siglo XXI

 

 

¿Qué características se necesitan para exaltar a una persona? ¿Qué criterios se analizan para poner a una mujer como ejemplo? ¿Qué parámetros se revisan para nombrar a una dama la “mujer del año”?

Lo primero es que podamos decir de ella que llevó una vida intachable; en todos los órdenes: moral, familiar, empresarial, social y religioso.

Lo segundo es que haya aportado algo nuevo a la sociedad en la que vivió.

Lo tercero es que ese aporte sirva a la sociedad.

Lo cuarto es que perdure ese aporte.

Concepción Cabrera de Armida llena, con creces, los parámetros de este perfil para considerarla una persona notable e hija esclarecida de este país que la vio nacer.

 Carlos Francisco Vera Soto, M. Sp. S.

 

Vida Intachable

Moral. Conchita, a través de su vida y su actuación observó siempre, buenas costumbres, ajustándose a los cánones de las normas religiosas de su tiempo, pero a la vez, perfeccionándolos con su propia entrega. Podemos decir de ella que, no sólo tuvo una vida correcta sino que llegó a vivir heroicamente la prudencia, la paciencia, la rectitud de intención, la fe, la esperanza, la justicia y lo que es más importante, el amor, entendido como entrega a los demás. Cuando el papa Juan Pablo II declaraba, el 19 de diciembre de 1999, a Concepción como una persona  Venerable, nos estaba asegurando que, después de estudiar su vida (por casi 40 años), sus escritos, sus obras apostólica, nos garantiza, con el peso de su autoridad pontificia, que esa laica mexicana, no sólo había tenido una vida intachable, sino admirable, imitable y digna de alabanza y veneración.

 

Familiar. Una de las facetas más interesantes de esta mujer que hoy ensalzamos es su vida familiar. Hija de ricos terratenientes, perteneciente a familias de abolengo, recibió una escasa educación académica pero una acendrada educación del corazón que la capacitó para ser una excelente esposa. Ella amó profundamente a su marido y fue una compañera fiel y solícita. Apoyó todos los aspectos de los negocios de su marido y fue su atinada consejera. Lo valoró e impulsó, de tal forma que aquel hombre se sintió pleno y completo con aquella compañera de camino que jamás le dio molestias o le obstaculizó su desarrollo personal. Llevaron un matrimonio feliz y armonioso, a pesar de las enfermedades, apreturas económicas o desajustes sociales y políticos. Su matrimonio fue una roca firme en donde construyeron una familia abierta a la sociedad. Conchita fue un ejemplo de virtudes domésticas; ella sabía cocinar, bordar, pintar, tocar el piano, llevar la economía familiar, ahorrar y sobre todo crear un ambiente de paz y alegría en el seno familiar sin exageraciones religiosas ni rigidez de normas. Esto permitió que, tanto su esposo como sus numerosos hijos se sintieran profundamente ligados al núcleo familiar, al que siempre regresaron y en donde pudieron crecer armoniosamente como personas. Conchita, sin duda fue el pilar de su hogar, tal como lo son muchas mujeres en la actualidad.

 

Como madre, podríamos decir mucho, pero sólo resaltar algunas líneas sobresalientes. Tuvo 9 hijos a los que acompañó desde la cuna hasta que hicieron sus propias opciones y durante toda su vida. A algunos los acompañó también en su muerte: a Carlos, Pedro, Pablo y a Concha. Orientó y formó sus personalidades con absoluto respeto. Fomentó las vocaciones de ellos al matrimonio, a la vida religiosa y a la vida sacerdotal. Sus innumerables cartas dan cuenta de ello. Jamás descuidó sus tareas de madre por andar en otros ámbitos. Sus hijos siempre contaron con ella, en las buenas y en las malas. Los acompañó en sus éxitos y fracasos, en sus enfermedades y en sus triunfos y celebraciones. No tuvo, jamás, pretexto alguno para no participar en la vida de sus hijos. De esto habría mucho más que decir. Fue el centro de su hogar y todos recurrían a ella llenos de confianza. Esta personalidad materna de Concepción, se alargó más allá de los límites de su propio hogar; sus hermanos contaban con ella, su madre, sus sobrinos y sobrinas; sus suegros y sus cuñados; sus amigas, muchos obispos y sacerdotes, incontables religiosas; supo hacerse útil para todos. Aquél que la necesitó encontró en esta mujer apoyo, consejo, consuelo, ayuda económica, sostén espiritual.

Empresarial. Esta faceta es poco conocida en la vida de Conchita. Ella fue, primero, la consejera de su marido, quien todo le consultaba en cuestión de negocios; Francisco tenía un negocio propio de joyería y relojes. Más adelante, ya viuda, funda, junto a su hijo Francisco, la Casa Armida, que subsiste hasta el día de hoy. Fue la primera casa comercial que introdujo las máquinas de escribir en México. Esta empresa tuvo gran éxito y pronto se consolidó. Pero cuando hubo aquella histórica quiebra de la bolsa de Nueva York, conocida como el crack de 1929, la Casa Armida estuvo a punto de venirse abajo, pero Conchita consiguió un préstamo en 1931 con lo que el negocio, no sólo se mantuvo sino que volvió a florecer… y hasta el día de hoy.

         En otro renglón, tuvo también éxito como empresaria. Los obispos que la conocían y sabían quien era, comenzaron a encargarle que escribiera obras de devoción, que se editaban, en México y en Barcelona y se vendían en España y toda América Latina. Conchita, caso inusitado para una mujer latinoamericana que ni siquiera ponía su nombre en las obras editadas, vendió casi 600,000 ejemplares de todos sus libros. Fue una difusora poco común del mensaje de salvación contenido en la Espiritualidad de la Cruz. Ella mandaba editar sus escritos en casa prestigiosas, le pagaban con libros que vendía, ayudada de librerías y de sus amigas, especialmente de las de México, Monterrey, Guadalajara, Morelia, Puebla, Querétaro. Fue un apóstol incansable de la palabra escrita. Por este solo aspecto, habría que nombrarla empresaria modelo. De más está decir que sus fines no era de lucro sino de apostolado. Ella no ganó dinero sino personas para la causa de Jesús, cosa muy superior a el simple hecho de amasar una fortuna.

 

Social. Conchita existió en un espacio temporal concreto, en una sociedad concreta, de la cual se alimentó, y a la vez, enriqueció. Nos damos cuenta que ella vivió en un contexto sociopolítico y religioso sumamente agitado. Quizá una etapa de las más sangrientas de nuestra historia pues le tocó vivir desde las consecuencias de las guerras de Reforma, la revolución mexicana, la guerra cristera, la persecución a la Iglesia y múltiples desajustes sociales y políticos; todos en un marco de guerra civil. Conchita no se encerró en sí misma. Desde su fe, oró y se sacrificó por su país; alentó a todos los católico y especialmente a los sacerdotes con sus escritos, los asistió de muchas maneras, incluso, hospedó en su casa al arzobispo Ibarra hasta su muerte, con el riesgo de ser descubierta y perder su hogar. Supo estar a la altura de sus circunstancias. No se acomodó a los tiempos, sino que los cuestionó y a la vez, a través de sus escritos, contribuyó a la regeneración del tejido social proponiendo una vida de congruencia evangélica, de entrega diaria, de coherencia de vida. Supo ser mujer en el sentido pleno de la palabra. Con su ejemplo encendió una luz para que los creyentes pudiéramos iluminarnos en tiempos de tinieblas. Apoyada en su amor a Jesús, para ella no hubo empresa imposible. En ella se cumple admirablemente la doctrina paulina: Me complazco en soportar por Cristo flaquezas, oprobios necesidades, persecuciones y angustias, porque cuando me siento débil, entonces es cuando soy fuerte (2 Cor 12, 10). Los obstáculos más altos para realizar su misión en la sociedad, los pudo vencer con su perseverancia, con su creatividad e inteligencia, con su intuición femenina aunada a un sentido práctico admirable. Se puede decir que, la sociedad mexicana, en 1937, cuando Conchita expiró, era mejor, más buena, a causa de la entrega de esta mujer hecha para los demás.

 

Religioso. Solemos acentuar el aspecto religioso en Conchita, porque es en este campo en donde su aporte como persona tuvo una mayor repercusión. Ella, con su experiencia espiritual, pudo encontrar su misión en esta tierra y supo acogerla y hacerse eco de lo que descubrió interiormente. Su talento natural, su ingenio y creatividad, su profunda sensibilidad a lo trascendente, su sentido de la justicia y su sentido práctico fueron puestos al servicio de esa vida interior que puedo desbordarse porque era una auténtica experiencia de la caridad de Cristo que nos urge a actuar. La escritura, como arma para persuadir y para convertir a quienes se acercan a sus admirables página de indudable aliento místico; sus cinco Obras de la Cruz con sus ramificaciones que buscaron desde el principio ayudar a quienes se acercan a ellas. Conchita pudo haberse contentado con haber llevado una elevadísima vida espiritual de oraciones, sacrificios y penitencias, pero acogió la voz de Dios en su corazón que la invitaba a unirse a su obra de salvación, por eso, para ella no hubo descanso. No se ahorró ningún viaje, ningún trabajo o esfuerzo que pudieran beneficiar ese encargo hecho por el mismo Hijo de Dios. Supo prescindir hasta de su intimidad, cuando fue necesario, para beneficiar a otros. Se pude decir que su vida interior era tan desbordante que no podía quedar encerrada. De esto dan testimonio sus más de 66 mil páginas escritas, que consignan un itinerario plagada sí, de gracias místicas pero también de dolores, penas interiores, dudas, cuestionamientos graves. Todo ello vivido en la paz más inalterable. Supo hacer, pero también, dejarse hacer. Supo guiar, pero también, dejarse guiar. Siendo maestra recibió con docilidad las indicaciones de los distintos directores eclesiásticos, obispos y sacerdotes con los que trató. Jamás les hizo sentir que ella tenía la verdad y con una humildad poco común, heroica, dejó que hicieran y deshicieran los eclesiásticos a los que vio como “puestos por Dios” para guiarla. Se dice fácil, pero, si pudiéramos decirlo de algún modo, la de vida excelente, era ella, la de vida de altísima oración, era ella, la de las renuncias fundamentales y penitencias monumentales era ella, la que había comprendido hasta la médula el querer de Dios, era ella y sin embargo jamás hizo sentir eso a los directores espirituales que tuvo. Esta actitud acabó haciendo discípulos a quienes la rodeaban. De tal modo que, también es justo decirlo, en vida estuvo adornada de un aura de santidad y de bondad que a todos cautivaba. Ella era “doña Concha la que hablaba con Dios cara a cara”.

Nuevo Aporte

Desde luego que el aporte fundamental de Conchita se inscribe en el campo de lo religioso, de la fe católica. Como auténtica mística, no sólo entendió lo que vivía sino que supo transmitirlo. Su Cuenta de conciencia es la fuente primigenia a donde hemos de beber todos aquellos que queramos conocer qué aportó y cómo lo aportó. A ese conjunto monumental de escritos místicos y a otros editados, damos el nombre de Espiritualidad de la Cruz. Por lo tanto, Conchita aportó la novedad de un camino espiritual concreto que propone una manera de entender y vivir el Evangelio desde una óptica sacerdotal. El centro, para ella fue Cristo Sacerdote y Víctima, contemplativo y misericordioso; reflejo del Padre e impronta de sus sustancia. Su aporte también subraya la novedad, a pesar de su antigüedad en la Iglesia, de lo que significa vivir la vida cristiana experimentándose habitados, invadidos por la Divinidad. La gracia de la encarnación mística nos vino a recordar esa promesa evangélica que se puede cumplir puntualmente en nuestras vidas: Si alguien me ama guardará mis palabras y mi Padre lo amará, y vendremos a él y en él haremos morada (Jn 14, 23). Aportó también la novedad a través de una herramienta para poder vivir plenamente esa inhabitación prometida en el Evangelio a través de la Cadena de Amor, instrumento excelente para poder llevar una vida sembrada de virtudes y conducida por la caridad que Cristo nos enseñó. Quien se decide a vivir esta Cadena se verá liberado del propio egoísmo y de la sofocante búsqueda de dar gusto a las criaturas para centrarse en dar sólo gusto a Dios. Es un camino de unificación interior que redunda en autenticidad y fecundidad. En fin, a través de la Espiritualidad de la Cruz, de su símbolo originalísimo que es la Cruz del Apostolado, que contiene los elementos esenciales de ella y a través de la Cadena, quienes se acercan a este camino, pueden estar seguros que Cristo los asocia a su obra de redención que se sintetiza en aquel grito que dio origen a las Obras de la Cruz: ¡Jesús Salvador de los hombres, sálvalos, sálvalos!

 

En términos de teología espiritual, podemos decir que Conchita sintetiza magistralmente varias corrientes espirituales importantes: la jesuítica que pone el acento en dar gloria a Dios, a través de una vida en constante discernimiento para que en todo podamos Amar y servir, la escuela francesa de espiritualidad que aporta un aspecto sacerdotal centrado en el amor confiado al Verbo Encarnado; revalora la imagen del sacerdote como mediador entre Dios y los hombres y aporta un elemento de dulzura y suavidad en el amor

que se centra en el Sagrado Corazón de Jesús y en el Corazón de María. Hay, además un porte original de Conchita en su ardiente amor a la Eucaristía, no sólo como reparación sino como amistad profunda con el Cristo sacramental; su inteligencia para hacer del dolor humano una moneda de cambio en relación al concepto paulino de que la deuda de nuestros pecados quedó clavada en la Cruz de Cristo. Además, Conchita insiste en la transformación en Cristo como elemento fundante para seguir a Jesús con pureza de corazón. Ella es esa mistagoga del nuevo aporte que dio a la Iglesia esta espiritualidad sacerdotal; este camino nuevo y a la vez antiguo.

 

Aporte útil

Desde que la Cruz del Apostolado fue plantada en Jesús María el 3 de mayo de 1894; desde que se fundaron las Obras de la Cruz; en orden cronológico: el Apostolado de la Cruz en 1895, las Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús en 1897, la Alianza de Amor con el Sagrado Corazón de Jesús en 1909, la Fraternidad de Cristo Sacerdote en 1912 y los Misioneros del Espíritu Santo en 1914 a la fecha, han pasado por estas Obras incontables hombres y mujeres que a través de la Espiritualidad de la Cruz que éstas ofrecen, han orientado sus vidas, han podido dar un sentido profundo a su manera de pensar, sentir y actuar. Y no sólo los que pertenecen a las Obras sino hombres y mujeres que se han dejado tocar por alguna lectura, alguna práctica espiritual o simplemente al conocer la vida y obra de Conchita. ¿Quién pude medir los alcances de una conversión, de un consuelo espiritual, de una respuesta personal íntima y profunda? Desde luego que son difíciles de evaluar, pero todos tenemos conciencia de que el aporte de esta mujer a la Iglesia de Cristo, es de validez universal. Quien la lee con el corazón limpio, no queda indiferente. Puede extraer de sus fuentes, aguas que manan para la vida eterna. Podemos decir que quien se ha acercado y es fiel, encuentra un camino que recorrer y puede recoger frutos de salvación. Conocemos muchas historias de hombres y mujeres que dan testimonio de esa utilidad, pero es mucho más lo que desconocemos. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que quien se deja interpelar por la Espiritualidad de la Cruz, encuentra un tesoro de raíz evangélica.

 

Aporte perdurable

La Espiritualidad de la Cruz tiene 116 años de existencia. En este ya largo caminar, ha tenido sus momentos altos y sus momentos bajos, pero podemos decir que hoy por hoy está más viva y es más actual que nunca. Nuestro devenir histórico y el momento social y religioso en el que nos encontramos, hacen a esta Espiritualidad un camino de inusitada actualidad. Sólo Dios tiene la respuesta a la existencia de todas las cosas y a su duración, pero de lo que nosotros podemos entender, el aporte de Concepción Cabrera de Armida a las necesidades espirituales y religiosas de los hombres y mujeres, parece que tendrá largos, muy largos años de vigencia. Hoy se plantea a nuestra humanidad la disyuntiva cada vez mas acuciante de vivir la vida con total coherencia frente a un mundo paganizado y laicizado; esta camino espiritual nos invita a tomarlo todo desde el carisma sacerdotal para redimirlo todo al calor del Corazón amante de Jesucristo que se entregó por todos los hombres y mujeres de todos los tiempos. Cada miembro que entra a formar parte de las Obras o que decide vivir esta espiritualidad es un motivo de renovación y por lo tanto de perdurabilidad.

 

Declaración.

Después de hacer este breve recorrido y haber analizado algo sobre la vida y la obra de la Venerable Concepción Cabrera de Armida, podemos decir que fue una mujer admirable e imitable. Se podría afirmar que su vida está llena de ejemplos y enseñanzas para todos los que queremos seguir a Cristo más íntimamente; que su manera de ser y de estar, son una luz para todos los que queremos acercarnos más íntimamente a nuestro Salvador. Y además, afirmamos que el conocimiento y estudio de sus escritos místicos nos ayudan a alimentar nuestra propia vida interior animándonos a dejar atrás el egoísmo y lanzarnos al servicio de los demás; quien quiera una vida más radical según el Evangelio, puede, sin temor a dudas, encontrar aliciente y caminos prácticos en la Espiritualidad de la Cruz, conocida en la Iglesia por la experiencia mística de esta madre de familia que supo ser fiel a la misión que Dios le encomendó.

         Por eso, volvemos los ojos a ella para conocerla más e imitar todas las virtudes que puso en práctica. Esta figura señera se erige en medio de un mundo que pone a nuestros ojos miles de figuras de oropel, producto de una publicidad barata y morbosa y son sustentadas por la vanidad de la vida, el lujo insultante, la banalidad y superficialidad más agresivas y en una sola palabra: la mentira. Porque: ¿de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde o se arruina a sí mismo? (Lc 9, 25).

         Concepción Cabrera de Armida es la mujer, no del año, sino del siglo XXI. En este siglo, en donde la mujer ha tomado su papel en la sociedad, en la política, en la economía, en la relaciones, en la transformación del mundo, Conchita se levanta como un faro luminoso que enseña a abrazar a la humanidad con toda la fuerza de un corazón materno capaz de amar y entregarse como lo hizo nuestro único Modelo, Jesucristo, nuestro redentor.

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¿Quién dijo que decir Adiós es fácil?

 

Perder un ser amado representa el trago más amargo que bebemos en la vida, es como ese trago de hiel y vinagre que le dieron a Cristo, por así decirlo. Él padeció más que nadie y llegó a su meta, con todo ese dolor logró redimir nuestros pecados. No obstante, nosotros somos humanos y eso nos hace frágiles ante los designios de Dios, sobre todo, cuando se trata de perder, y perder en todo sentido. Sin embargo, perdemos no sólo cosas materiales sino seres de nuestra vida, de nuestra alma y corazón.

Hablando desde términos psicológicos los seres humanos pasamos por cinco tipos de pérdidas, a lo largo de nuestras vidas, quizá no todos pasemos por todas aun así las pondré en tema el día de hoy, esperando que lago bueno pueda salir de aquí y nos ayude en poder enfrentar nuestro duelo ante estos momentos a veces ineludibles que nos da la vida, nosotros mismos o por voluntad de Dios.

Para empezar, hablaré de las pérdidas ligadas al desarrollo personal, por este tipo de pérdida hablamos de dejar atrás las diferentes etapas que pasamos en la vida: la infancia, la adolescencia, juventud, adultez, vejez… Es algo inevitable, crecemos, pero a veces vivimos añorando ser lo que antes fuimos, regresar a esa etapa donde todo era quietud, libertad, diversión, todo era juego, era fiesta y amigos, era amor, era salud y agilidad, algo que fuimos alguna vez y nos gustaría volver a vivir de nuevo. Pero debemos entender que el tiempo camina para adelante y nosotros con él, jamás podremos ir a ese día en que hicimos tal cosa siendo niños o jóvenes, qué se yo… es una pérdida que afrontamos biológicamente, y sólo por serlo nos toca disfrutar cada momento de nuestra vida para que cada una de esas etapas que vamos perdiendo sean un maravilloso recuerdo y podamos vivirlo de nuevo al menos en nuestra mente y no sufrir por dejar esa etapa atrás.

Extraviar de objetos externos a nosotros, cosas materiales, algo que no está directamente ligado a nuestro ser pero que si forma parte de nuestra vida, como lo es: el trabajo, la situación económica e inclusive objetos y pertenencias. Estamos tan apegados a veces a las cosas materiales que nos duele la pérdida de algún objeto, nos aferramos a las cosas del mundo cuando ni siquiera nosotros somos del mundo, tener más que otro y lamentar perder eso que atesoramos no nos dignifica como seres humanos, deja ir las cosas, a fin de cuenta son eso, cosas.  Ya tendrás la oportunidad de reponer lo que perdiste, si así lo quiere Dios, es lo bueno de las cosas materiales, ya encontrarás un nuevo, y quizá mejor, empleo, recuerda que nada pasa sin que Nuestro Padre amoroso esté viendo por el bien de nosotros.

La falta de salud, o una parte de nuestro cuerpo y hablo no únicamente de partes físicas sino también de capacidades sensoriales, motoras, de conocimiento e incluso psicológicas como son la autoestima, los valores, ideales e ilusiones, perder el amor propio, quizá uno de los quebrantos más grandes y difícil de superar. Muchas veces este tipo de pérdidas de salud nos llevan a disipar algo más; mantengamos una actitud positiva ante estas cosas que pasan en nuestra vida, recordemos que somos más que un simple cuerpo, que somos seres espirituales, démosle el valor a él y no a la parte corpórea que sólo es algo terrenal y como tal se quedará aquí, en cambio el espíritu trasciende para gloria de Dios.

Pérdidas emocionales; aquí hablaré de perder personas, cómo fue que inicié este pequeño artículo, las pérdidas de seres queridos representa algo de lo más doloroso que puede haber y esta forma de perderlos es muy complicado de superar, quizá incluso, más que superar la muerte, porque hablando de la muerte y el duelo que se pasa, sin duda arduo y muy doloroso, aún así eres consiente de que esa persona jamás volverá y llega la resignación, pero perder a una persona que sigue ahí, que incluso tendrás que ver por alguna razón que los una (el caso de matrimonios disueltos y con hijo) es duro, es como una herida que no se deja sanar, apenas se está haciendo la costra cuando llega otra vez el día de ver a ese ser; ahora fuera de tu vida, lejano y ajeno a ti y tus sentimientos hacia él, y antes cercano y amoroso; y esa costra se cae y la herida sigue... Perder sin perder del todo es un sufrimiento constante pero no perpetuo, porque un día aprenderás a vivir del modo que corresponde a cada uno, en su individualidad.

Son los procesos que llevamos siempre en cualquier duelo; la no aceptación, el dolor, el sufrimiento, pero después llega la aceptación. Lo mismo con los amigos, familiares, etcétera, personas que van y vienen, hacen algo importante en nuestras vidas o nosotros en las de ellos, algunos permanecen otros se van. Dios nos dio esa libertad de elegir, pero siempre hay que elegir lo que sea más grato a los ojos de Él y tratando de no lastimar a los demás con nuestras decisiones.

Pérdida de vida; tanto de seres queridos como la idea o pronostico de la muerte propia. Este tema siempre será algo duro y sumamente doloroso, porque es la única merma que, como dicen “no tiene remedio”, ante algunas de las otras pérdidas siempre queda la opción de luchar, de hacer algo por recuperar lo que perdimos, el trabajo, los amigos, la pareja, la dignidad y amor propio, pero ante la muerte, ¿qué podemos hacer?

Todo en la vida es cíclico, es decir, tiene un principio y un fin. Debemos ser conscientes es esto, saber afrontar responsablemente nuestro dolor, emerger de nuestras cenizas, desde nuestro duelo y dejar que Nuestro Señor nos lleve por donde nos ha trazado el camino, con lo que es para nosotros y lo que no es, dejarlo ir, si eso es para gloria de Él, no aferrarnos a algo que ya no está. Dios es amor, es sanador y Nuestro Padre. Vino al mundo para redimirnos con su sufrimiento, quién más podría darnos consuelo ante las difíciles situaciones que tiene la vida sino Él, que dio inclusive la vida por amor a nosotros.

Somos seres finitos, sabemos cuando llegamos, pero no cuando nos iremos, estemos preparados para cuando eso suceda, que nuestra vida sea algo que podamos agradecer a la hora de partir y no un temor. Nos vamos, se van y nos queda ese hueco en nuestras vidas, en nuestras casa o vida rutinaria, pero confiemos en Dios y su promesa de que un día volveremos a estar con quien se nos ha adelantado en el camino. Algunas personas, momentos e incluso objetos sólo son para crecer como persona y para gloria de Dios y no para permanecer siempre a nuestro lado. Creamos en Él que todo lo sabe y todo lo puede. Dejemos la vida en sus manos.

 Carmen Ortíz 

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