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Audiencia: "Una sociedad solidaria y justa es una sociedad más sana"

 

Concluyendo con las catequesis sobre sanar el mundo, el Papa Francisco exhortó a “regenerar la sociedad y no volver a la llamada ‘normalidad’, porque esta normalidad estaba enferma de injusticias, desigualdades y degrado ambiental”. También invitó con urgencia a “generar buenas políticas, diseñar sistemas de organización social en la que se premie la participación, el cuidado y la generosidad, en vez de la indiferencia, la explotación y los intereses particulares”.

 

En la Audiencia general de este miércoles 30 de septiembre, el Papa Francisco recordó el camino recorrido durante las catequesis de estos meses sobre cómo sanar el mundo que sufre “por un malestar que la pandemia ha evidenciado y acentuado”. La dignidad, la solidaridad y la subsidiariedad, recordó el Santo Padre en el Patio de San Dámaso, son “vías indispensables para promover la dignidad humana y el bien común”, anclados en los principios de la doctrina social de la Iglesia, guiados por la fe, la esperanza y la caridad. Como discípulos de Jesús, ha propuesto esta mañana “seguir sus pasos optando por los pobres, repensando el uso de los bienes y cuidando la casa común”.

 

“Quisiera que este camino no termine con estas catequesis mías, sino que se pueda continuar caminando juntos, teniendo «fijos los ojos en Jesús» (Hb 12, 2), que salva y sana al mundo.”

 

Papa Francisco invitó a contemplar y apreciar la belleza de cada ser humano y de cada criatura, porque “cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario” y “cada criatura tiene algo que decirnos de Dios creador”. De este modo, “podremos contribuir a la nueva sanación de las relaciones con nuestros dones y nuestras capacidades”. Por este camino, continuó el Pontífice, “podremos regenerar la sociedad y no volver a la llamada ‘normalidad’, que es una normalidad enferma, de hecho enferma antes de la pandemia: ¡la pandemia lo puso de relieve!... porque esta normalidad estaba enferma de injusticias, desigualdades y degrado ambiental”.

 

“La normalidad a la cual estamos llamados es la del Reino de Dios, donde «los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncian a los pobres la Buena Nueva» (Mt 11, 5). En la normalidad del Reino de Dios el pan llega a todos y sobra, la organización social se basa en el contribuir, compartir y distribuir, no en el poseer, excluir y acumular.”

 

Haciendo referencia a la pandemia del COVID-19, Papa Francisco reconoció que este “pequeño virus sigue causando heridas profundas y desenmascara nuestras vulnerabilidades físicas, sociales y espirituales”, exponiendo la gran desigualdad que hay en el mundo. Estas injusticias, subrayó el Santo Padre, “no son naturales ni inevitables”, sino que son obras del hombre y que “provienen de un modelo de crecimiento desprendido de los valores más profundos”, y que en muchos casos, ha hecho perder la esperanza, aumentando la incertidumbre y la angustia.

 

“Para salir de la pandemia, tenemos que encontrar la cura no solamente para el coronavirus -¡que es importante!- sino también para los grandes virus humanos y socioeconómicos. Y ciertamente no podemos esperar que el modelo económico que está en la base de un desarrollo injusto e insostenible resuelva nuestros problemas.”

 

Finalmente, el Santo Padre exhortó a trabajar “con urgencia para generar buenas políticas, diseñar sistemas de organización social en la que se premie la participación, el cuidado y la generosidad, en vez de la indiferencia, la explotación y los intereses particulares”, ya que una sociedad solidaria y justa es una sociedad más sana.

 

 

Fuente. www.vaticannews.com

 

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Hace 50 años, Santa Teresa de Ávila fue proclamada Doctora de la Iglesia

 

La primera mujer en ser proclamada Doctora de la Iglesia fue Santa Teresa de Jesús - o de Ávila - una mística española y reformista carmelita en el siglo XVI. El Papa Pablo VI le confirió este título el 27 de septiembre de 1970, mostrando la riqueza y relevancia de su herencia espiritual.

Pablo VI, un gran intelectual, de gran profundidad humana y cultural - además de espiritual -, en esta particular contingencia histórica, ciertamente quiso indicar a las mujeres de todos los continentes un ideal femenino y cristiano a seguir y contemplar en la vida cotidiana. Teresa de Ávila fue la primera mujer de la historia en ser proclamada Doctora de la Iglesia, seguida - una semana después - por el doctorado de Santa Catalina de Siena. No una, por lo tanto, sino dos mujeres para subrayar la importancia de la presencia y la contribución de la mujer en la Iglesia y en la sociedad.

 

En su homilía del 27 de septiembre de 1970, no sin emoción, el Sumo Pontífice declaró: "La vemos aparecer ante nosotros como una mujer excepcional, como una monja que, velada en la humildad, la penitencia y la sencillez, irradia a su alrededor la llama de su vitalidad humana y su vivacidad espiritual; luego como una reformadora y fundadora de una Orden religiosa, histórica y distinguida; una escritora brillante y fecunda a la vez, una maestra de vida espiritual, una incomparable e incansable contemplativa activa". Estas pocas líneas resumen toda la persona de Teresa de Ávila, que fue de hecho una mujer extraordinaria por su sencillez y encanto místico que atrajo, y sigue atrayendo, el interés de muchas personas. Tenía un corazón "viril y virtuoso", es decir, lleno de la audacia de quienes aman sin reservas: "Convenzámonos, hijas mías, de que la verdadera perfección consiste en el amor a Dios y al prójimo. Cuanto más precisamente observemos estos dos preceptos, más perfectas seremos".

 

Su singularidad, incluso como monja, no está arraigada en sí misma, sino en Dios, "en las mercedes que el Señor me ha hecho" [en las misericordias que el Señor me ha dado], en los dones divinos que la transforman en su ser y le dan la íntima certeza de que finalmente ha encontrado toda su vida. No es casualidad que Teresa se convierta en una escritora fructífera sólo después de la experiencia de su encuentro con Dios, es decir, cuando entra en la "vida nueva". Es allí donde conoce y entra en una relación con el Dios de la misericordia, viviendo una relación extremadamente personal con Aquel que se convertirá en su fiel Amigo. Teresa escribe: "Para mí, la oración mental no es otra cosa que una relación de amistad, es frecuentemente estar a solas con Aquel que sabemos que es amado", expresión que recuerda lo que dice Dei Verbum: "A través de esta revelación, el Dios invisible se dirige a los hombres en su amor sobreabundante como si fuera amigo, les habla para invitarlos y admitirlos a compartir su propia vida". Y para Teresita, sólo ésta "especial amistad" hace posible tener una relación íntima con Dios. De la fidelidad a la oración y la fe absoluta en Dios surge su vitalidad como mujer y como persona. 

 

Su fructífero apostolado es el fruto de este "cara a cara" con Cristo, con quien se casó místicamente, pero también del coraje y la obstinación con que afronta los acontecimientos de la vida: en un momento histórico-religioso marcado por la reforma protestante y la presencia en España de la secta de los alumbrados, los iluminados, está sometida a los duros procedimientos de la Inquisición. Pero no se desanimó y, a lomos de un burro, viajó por toda la Península Ibérica para fundar sus monasterios reformados. También fue la reforma del convento de los carmelitas varones, aunque la memoria de los padres carmelitas menciona al hermano Antonio de Jesús como el fundador del primer convento de carmelitas descalzos. 

 

Por sus increíbles dones, Teresa de Ávila es todavía hoy un ejemplo vivo de todo lo que una mujer resuelta y decidida puede lograr en una época cerrada en la que no existía "la virtud de una mujer que no fuera mirada con sospecha". La insignia "maestra espiritual" indica a las mujeres de hoy un camino de fe fuertemente enraizado en Cristo y en la ascesis cotidiana -que en ella se convierte en mística- a través de un recorrido hecho a medida y trágico para la mujer de todos los tiempos, en el marco de una trama urdida por otros, a la que, sin embargo, Teresa no se conforma en absoluto -invitándonos a hacer lo mismo- para que este mundo en el que vivió y la Iglesia de la que se sintió profundamente hija acepten la "palabra de mujer". 

Y su palabra estaba profundamente arraigada en la Sagrada Escritura: el Evangelio, de hecho, era para Teresa un río de agua viva donde podía venir y llenar su corazón. Y como mística inefable, en el Castillo Interior Teresita colocó todo según su experiencia interior: Dios en el centro, y el alma humana en el corazón de Dios, encuentro que tuvo lugar en la Última Cena, esa "séptima cámara" a la que Edith Stein - Santa Teresa Benedicta de la Cruz - llegará en el último y extremo sacrificio de amor. En esta sala, en el centro del castillo, "el alma siempre permanece con su Dios, en este centro" del que nunca se aparta. 

 

Recordemos de nuevo las palabras pronunciadas por Pablo VI en 1970: "Este es (...) el mensaje para nosotros de Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Santa Iglesia: escuchémoslo y hagámoslo nuestro". Subrayando entonces lo pionero que es el santo en este reconocimiento particular, que anula "las severas palabras de San Pablo" - "que las mujeres deben guardar silencio en las asambleas" (1 Cor 14, 34) -, añade: "lo que significa, todavía hoy, que las mujeres no están destinadas a tener funciones jerárquicas de magisterio y ministerio en la Iglesia. ¿Se ha violado el precepto apostólico? Podemos responder claramente: no. No se trata, en efecto, de un título que tenga una función jerárquica de magisterio; pero hay que subrayar al mismo tiempo que esto no significa en modo alguno una menor estima por la sublime misión de la mujer en medio del Pueblo de Dios".

 

Fuete. www.vaticannews.com

 

 

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El Papa amplía hasta octubre de 2021 el Año Jubilar Guadalupano

 

Por petición del Arzobispo de México, Cardenal Carlos Aguiar Retes, el Papa Francisco concedió ampliar hasta el 12 de octubre de 2021 el Año Jubilar Guadalupano Plancartino, que otorga la Indulgencia Plenaria a quien peregrine a la Basílica de Guadalupe y cumpla con las condiciones de costumbre para ganar dicha gracia: confesarse, comulgar y orar por las intenciones del Papa.

 

El pasado domingo 20 de Septiembre en la Basílica de Guadalupe, el Nuncio Apostólico Franco Coppola dio a conocer la extensión de este año al leer el decreto emitido por la Penitenciaría Apostólica de la Santa Sede.

 

“Por mandato de su Santidad, el Papa Francisco prorroga hasta el 12 de octubre de 2021 todos y cada uno de los beneficios espirituales para el año jubilar Guadalupano Plancartino”, dijo, al leer el decreto. La extensión se debe a que la pandemia de COVID-19 evitó que los fieles pudieran acudir de forma presencial al santuario mariano. 

 

“Ciertamente, de esta generosa prórroga por parte de la Iglesia los fieles sacarán los buenos propósitos y el vigor espiritual propios de una vida que busque reflejar la ley del Evangelio, en la comunión jerárquica y la devoción filial al Sumo Pontífice, fundamento visible de la Iglesia Católica, y al propio Obispo”, expresó el Nuncio.

 

Este Año Jubilar abrió el 8 de septiembre de 2019, y originalmente su fecha de cierre era el 12 de octubre de 2020. Sin embargo, debido a la pandemia de COVID-19, de marzo a julio el santuario mariano estuvo prácticamente cerrado, y actualmente el regreso de fieles ha tenido que ser gradual a fin de evitar contagios. 

 

Por este condicionamiento, que se prevé habrá de mantenerse durante varios meses más, el Arzobispo de México solicitó al Santo Padre esta extensión del Año Jubilar Guadalupano Plancartino.

 

El propósito del Cardenal Carlos Aguiar es que los millones de peregrinos que visitan cada año la Basílica de Guadalupe buscando el consuelo materno de la “Morenita del Tepeyac” vivan este Año Jubilar y obtengan la Indulgencia Plenaria.

 

Este Año Jubilar fue abierto por decreto del Papa Francisco en septiembre de 2019, a petición de las Hijas de María Inmaculada de Guadalupe, congregación que fue fundada por el abad José Antonio Plancarte y Labastida en 1878. 

 

En mayo del año pasado, dicha congregación solicitó al Santo Padre su aprobación, y establecieron el 8 de septiembre como fecha de apertura para conmemorar los 125 años de que su fundador tomara posesión como Abad de la Colegiata de Guadalupe. En cuanto su fecha original de cierre, 12 de octubre de 2020, se planteó tomando en cuenta el 125 aniversario de la Coronación Pontificia de la Virgen de Guadalupe.  

 

La madre Elva Guadalupe Ruiz Bueno, superiora de la congregación, platica que ella misma, estando en Roma, por medio de las Oficinas del Vaticano, entregó el Papa Francisco dicha carta con la petición hecha por la congregación.

 

“En realidad -agrega la madre Elva Guadalupe-, lo que pedíamos al Papa era que concediera a la congregación celebrar el Año Jubilar Guadalupano Plancartino, con la gracia de una Indulgencia Parcial a quien rezara diariamente la oración del “Salve, Augusta Reina”, escrita por nuestro fundador. Así como la Indulgencia Plenaria para quien rezase el 12 de octubre esta oración, que actualmente está expuesta en la Basílica de Guadalupe”. 

 

Pero el Papa, además de conceder a la congregación dicha solicitud, envió al Arzobispo de México un decreto sobre el Año Jubilar Guadalupano Plancartino, con la gracia de la Indulgencia Plenaria tanto para la Iglesia de México como para la Iglesia Universal, debido a la cantidad de peregrinos de todo el mundo que anualmente visitan la Basílica de Guadalupe.

 

El Decreto por el que se extiende el Año Jubilar Guadalupano fue firmado por el Cardenal Mauro Piacenza, Penitenciario Mayor, a petición del Arzobispo Carlos Aguiar y de monseñor Salvador Martínez, rector de la Basílica. 

 

En el Año Jubilar Guadalupano Plancartino puede obtenerse la indulgencia plenaria.

Las condiciones para ganar una indulgencia en la Basílica de Guadalupe son:

Del 8 de septiembre de 2019 al 12 de octubre de 2021, es necesario…

1. Un rechazo firme al pecado.

2. El deseo expreso de ganar la indulgencia.

3. Confesarse o estar en gracia de Dios.

4. Comulgar y orar por las intenciones del Papa.

5. Alguna acción especificada en el decreto particular. (En este caso: participar en Misa en la Basílica de Guadalupe)

6. Se puede ganar una indulgencia plenaria cada día y se pueden aplicar a los fieles difuntos.

 

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De Génesis a Jesús

De Génesis a Jesús

 

Te invitamos a seguir este curso gratuito donde aprenderemos la historia de la salvación a través de las alianzas formados por Dios con los hombres. No se trata de solo aprender hechos de la historia bíblica, vamos a llegar a comprender por completo cómo es que somos parte de todo eso, vamos a contemplar dónde estamos parados dentro de la corriente de la historia de la salvación en este momento. Porque la Biblia no es solo un libro antiguo que nos habla de Dios, nos dice como llegar a Dios. Es una historia que su perfecto final esta esperando a ser escrito en lo profundo de nuestros corazones. Nuestro curso no ira libro por libro, en su lugar durante 12 sesiones vamos a tener una vista panorámica de la Biblia, cómo Dios hizo su plan a través de la historia del hombre y nuestro lugar en ella, así como comprender la “trama” de la Biblia, la salvación de la humanidad desarrollándose a través de nuestra historia. Acompáñenos a descubrir nuestra historia en este curso. Bienvenidos a “De Génesis a Jesús”.

 

Para entender la Biblia se requiere una comprensión de su trama, y esta es la salvación humana que se desarrolla en nuestra propia historia, según el plan de Dios con su centro en Cristo Jesús. Tú y yo necesitamos leer la Biblia desde el corazón de la Iglesia si queremos darle sentido a las Escrituras y aplicarlas a nuestras vidas como católicos. Esto incluye entender por qué debemos leerlas y cómo debemos leerlas.

En esta primer lección aprenderemos:

• ¿Por qué y cómo deben los católicos estudiar la Biblia?

• La Misa como la clave para entender la Escritura

• La Escritura como la Palabra inspirada de Dios • La historia de la salvación como una historia de dos partes Esperamos lo disfruten y les sea de provecho

 

 

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Indulgencia plenaria por coronavirus

Indulgencia plenaria y posibles absoluciones colectivas por coronavirus

La Penitenciaría Apostólica concede el “don de indulgencias especiales” a los fieles afectados por la enfermedad del Covid-19, a los trabajadores de la salud, a los familiares y a todos aquellos que, incluso con la oración, cuidan de ellos. También recuerda a los fieles la posibilidad de la absolución colectiva en este momento de emergencia sanitaria.

Ciudad del Vaticano

Ante la emergencia del Covid-19, la Iglesia ofrece la posibilidad de obtener la indulgencia plenaria a los fieles que sufren de coronavirus, así como a los trabajadores de la salud, a los familiares y a todos aquellos que, en cualquier calidad, incluso a través de la oración, se ocupan de ellos. Esto se establece un Decreto de la Penitenciaría Apostólica publicado este viernes, 20 de marzo y firmado por el Cardenal Mayor Penitenciario Mauro Piacenza y el Regente, Monseñor Krzysztof Nykiel.

En este sentido, la Penitenciaría Apostólica precisa que, para obtener la indulgencia plenaria, los enfermos con coronavirus, los que están en cuarentena, así como los trabajadores de la salud y los familiares que se exponen al riesgo de contagio por ayudar a los afectados por el Covid-19, podrán simplemente recitar el Credo, el Padre Nuestro y una oración a María.

Igualmente, para obtener las indulgencias, otras personas podrán elegir entre varias opciones: visitar el Santísimo Sacramento o la adoración Eucarística o leer las Sagradas Escrituras durante al menos media hora, o recitar el Rosario, el Vía Crucis o la Coronilla de la Divina Misericordia, pedir a Dios el fin de la epidemia, el alivio de los enfermos y la salvación eterna para aquellos a los que el Señor ha llamado a sí.

La indulgencia plenaria puede ser obtenida también por los fieles que a punto de morir no pueden recibir el sacramento de la unción de los enfermos y el viático: en este caso se recomienda el uso del crucifijo o de la cruz.

La posibilidad de la absolución colectiva

Además, la Penitenciaría Apostólica – afirma una Nota que acompaña al Decreto – por "la gravedad de las circunstancias actuales", y "especialmente en los lugares más afectados por el contagio de la pandemia y hasta que no termine este fenómeno", recuerda la posibilidad de impartir la "absolución colectiva", es decir, a varios fieles juntos, "sin previa confesión individual".

En cuanto a la absolución colectiva – explica la Penitenciaría – "el sacerdote está obligado a avisar al Obispo diocesano, en la medida de lo posible, o, si no puede, a informarle lo antes posible". En efecto, corresponde siempre al Obispo diocesano – subraya la nota – "determinar, en el territorio de su propia circunscripción eclesiástica y en relación con el nivel de contagio pandémico, los casos de grave necesidad en los que es lícito impartir la absolución colectiva: por ejemplo, a la entrada de las salas de hospitalización, donde se hospeda a los fieles infectados y en peligro de muerte, utilizando en la medida de lo posible y con las debidas precauciones los medios de amplificación de la voz, para que se oiga la absolución".

La Penitenciaría también pide que se evalúe "la necesidad y conveniencia de crear, cuando sea necesario, de acuerdo con las autoridades sanitarias, grupos de 'capellanes extraordinarios de hospitales', también con carácter voluntario y en cumplimiento de las normas de protección contra el contagio, para garantizar la necesaria asistencia espiritual a los enfermos y moribundos".

Además, donde "los fieles individuales se encuentran en la dolorosa imposibilidad de recibir la absolución sacramental, debe recordarse que la contrición perfecta, procedente del amor de Dios amado sobre todas las cosas, expresada por una sincera petición de perdón (la que actualmente puede expresar el penitente) y acompañada de votum confessionis, es decir, por el firme propósito de recurrir cuanto antes a la confesión sacramental, obtiene el perdón de los pecados, incluso mortales", como se indica en el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1452).

"El momento actual en el que la humanidad entera, amenazada por una enfermedad invisible e insidiosa, que desde hace algún tiempo forma parte de la vida de todos – señala la Penitenciaria – está marcado día tras día por angustiosos temores, nuevas incertidumbres y, sobre todo, por un sufrimiento físico y moral generalizado. Y concluye: "Nunca como en este tiempo la Iglesia ha experimentado el poder de la comunión de los santos, elevando a su Señor Crucificado y Resucitado votos y oraciones, en particular el Sacrificio de la Santa Misa, celebrada diariamente, incluso sin gente, por los sacerdotes" y como "buena madre, la Iglesia implora al Señor que la humanidad sea liberada de tal flagelo, invocando la intercesión de la Santísima Virgen María, Madre de Misericordia y Salud de los enfermos, y de su Esposo San José, bajo cuyo patrocinio la Iglesia siempre ha caminado por el mundo".

20 marzo 2020, 12:57

 

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