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MENSAJE DEL DIRECTOR

 XVI domingo ordinario.

Pbro. Jorge Antonio Luna Casillas

 

“VENGAN A UN SITIO TRANQUILO A DESCANSAR UN POCO”

 

Jesús en el Evangelio no da nunca la impresión de estar asfixiado por la prisa. A veces, hasta pierde el tiempo: todos lo buscan y él no se deja encontrar, absorto como está en la oración.  En nuestro fragmento evangélico de hoy invita, asimismo, a sus discípulos a perder tiempo con él: “Venid solos a un sitio tranquilo a descansar un poco”.  Recomienda frecuentemente no afanarse.  Asimismo, nuestro físico ¡cuánto beneficio recibe de la ¡lentitud”! Si la lentitud tiene connotaciones evangélicas es importante valorar todas las ocasiones de descanso o de tardanza, que están esparcidas a lo largo de la sucesión de los días.  El domingo, las fiestas, si se utilizan bien, dan la posibilidad de cortar el ritmo de vida demasiado excitado y de establecer una relación más armónica con las cosas, las personas y, sobre todo, consigo mismo y con Dios. 

La vacación de Jesús con los apóstoles ha sido de poca duración. Justo una pausa como de un respiro, el tiempo para atravesar el lago en barca y pararse quizás de tanto en tanto para pescar algo.  Jesús no se irrita con la gente, que no le da tregua, sino que les siente “lástima”, porque “andaban como ovejas sin pastor” (Mateo 9, 36).

Eso nos dice que frente a una situación de grave necesidad del prójimo es necesario estar dispuestos a interrumpir, asimismo, el merecido descanso.  No se puede, por ejemplo, abandonarle a sí mismo o dejar en un hospital a un anciano, que está al propio cargo para gozar sin estorbos los días de feria o de vacación.  No podemos olvidar a tantas personas, a las que la soledad no les da elección, sino que la sufren, y no durante alguna semana o mes, sino durante años, quizás durante toda la vida.

La escucha del Evangelio debiera, igualmente en este caso, llevarnos a una resolución práctica.  Para algunos sugiero ésta: iniciar alrededor y ver si hay alguien al que ayudar para sentirse menos solo en la vida: con una visita, una llamada telefónica, una invitación a encontrarse un día en el lugar de vacaciones; en suma, lo que el corazón y las circunstancias sugieran.  A otros, si en la vida no lo han hecho nunca, les sugiero probar a entrar en una iglesia o en una capilla  en una hora, en que está solitaria, y transcurrir allí algo de tiempo “aparte”, solos consigo mismo, ante Dios.  No importa si parece que allí no se tiene nada que decir.  Un día el gran poeta Paul Claudel, que había sido también embajador de Francia en el Japón, entró en pleno verano en  una Iglesia  alrededor del mediodía y escuchad la oración que le hizo a la Virgen, que nos puede ayudar:

 

“Es mediodía.  Veo la Iglesia abierta.
Es necesario entrar.

Madre de Jesucristo, no vengo para rezar.

No tengo nada que ofrecer y nada que pedir.

Vengo solamente, oh María, a mirarte.

No quiero decir nada,

mirar sólo tu rostro.

Y dejar cantar al corazón

en su propio lenguaje”.

Dejar “cantar” al corazón… o llorar, según los casos.

 

EVANGELIO DEL DÍA

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