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MENSAJE DEL DIRECTOR.

TERCER DOMINGO DE CUARESMA

 

Pbro. Jorge Antonio Luna Casillas

 

“Si yo amo a Dios…”

 

El Evangelio de hoy, tercer domingo de Cuaresma, tiene como tema el templo.  Jesús purifica el viejo templo, arrojando fuera con un látigo de cuerdas a mercaderes y mercancías; en consecuencia, se presenta a sí mismo como el nuevo tempo de Dios, que destruirán los hombres, pero que Dios hará resurgir en tres días.  Esta vez, sin embargo, iniciamos nuestra reflexión por la primera lectura, porque ella contiene un texto importante: el decálogo, los diez mandamientos de Dios.

 

El hombre moderno frecuentemente no comprende los mandamientos.  Los cambia por prohibiciones arbitrarias de Dios, por límites intolerables puestos en contra de su libertad.  Pero, en realidad los mandamientos de Dios son una manifestación de su amor y de su solicitud paternal para con el hombre.  “Escucha, Israel; esmérate en practicarlos para que seas feliz”.

Jesús ha resumido todos los mandamientos, es más, toda la Biblia, en un único mandamiento, el del amor a Dios y al prójimo “De estos dos mandamientos –ha dicho- dependen toda la Ley y los Profetas” (Mateo 22, 40).  Si yo amo a Dios, no querré tener a otro Dios fuera de él, no nombraré su nombre en vano, eso es, no blasfemaré, y santificaré sus fiestas.  Si amo al prójimo, honraré al padre y a la madre, que son mi prójimo más cercano, no robaré, no diré falsos testimonios. Tenía razón san Agustín al decir: “Ama y haz lo que quieras”.  Porque si  uno ama de verdad, todo lo que hará será para bien. También si hecha en cara y corrige será por amor, por el bien de otro.

            Desde esta luz se entiende igualmente el Evangelio de hoy, ¿Cómo se explica la escena de Jesús que con palos echa fuera a los mercaderes del templo, que tira por el suelo las mesas de los cambistas y grita: “¡Fuera, fuera de aquí!”, Él, por costumbre tan manso y pacífico? Se explica precisamente por el amor, vuelve a entrar en aquel “ama y haz lo que quieras”.  Él se mueve por amor para con el Padre celestial, cuyo celo, dice el Evangelio, lo devoraba; pero, asimismo por el amor para con los hombres.

Quisiera llamar la atención en particular sobre uno de los mandamientos, que en algunos ambientes es más frecuentemente transgredido: “No tomar el nombre de Dios en vano”. “En vano” significa sin respeto o, peor; con desprecio, con ira, en suma, blasfemando.  En ciertas regiones hay gente que usa la blasfemia como una especie de interposición a las propias palabras, sin tener en cuenta ningún sentimiento de los que escuchan. Muchos jóvenes, especialmente si están en compañía, blasfeman repetidamente con la evidente convicción de que así impresionarán más a las muchachas presentes. Pero, un joven, que no tiene más que este medio para impresionar a las muchachas, quiere decir que está sometido al propio mal.

 

Recordemos, la palabra de Juan que hace de la observancia de todos los mandamientos una cuestión de amor. “En esto consiste el amor, en observar sus mandamientos; y sus mandamientos no son pesados” (I Juan 5, 3).

EVANGELIO DEL DÍA

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