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MENSAJE DEL DIRECTOR.

 

 XVIII DOMINGO ORDINARIO

“Debemos buscar la manera de ser ricos para Dios y no para este mundo”.

 

Pbro. Jorge Antonio Luna Casillas

            El hombre es un compuesto natural de cuerpo y alma. El cuerpo conoce por medio de los sentidos y el alma por medio de la inteligencia. A cada conocimiento sigue el respectivo apetito. Las pasiones buscan el bien conocido por los sentidos; mientras que la voluntad sigue el bien conocido por el entendimiento. En el compuesto, en el ser humano se da un mutuo influjo: influencia de cuerpo sobre el alma e influencia del alma sobre el cuerpo.

Por su parte los sentidos siempre están abiertos a los objetos exteriores y son atraídos antes que la razón intervenga; mientras que la razón tiene que actuar por sí misma. Dios creó al hombre sometiendo sus pasiones al decreto de la razón. Pero por el pecado el hombre pierde la gracia, su naturaleza queda debilitada y las pasiones se rebelan contra el dictado de la razón.

Pero en atención a los méritos de Cristo, Dios sigue dando su gracia, la cual no extirpa la concupiscencia, sino que da fuerzas para vencerla.

Llegado Jesús, se ofrece al hombre la exuberante gracia del Espíritu Santo, para que la razón pueda sobreponerse a los deseos de la carne, de tal manera que quien es vencido por la concupiscencia, no tiene excusa alguna. De hecho cada persona no puede determinarse en el aire, en el vacío, sino que se ve perturbada por los deseos de la carne al mal, o atrapada por el Espíritu Santo, para guiarse por la razón y la gracia de Dios, al bien. El Espíritu y la carne viven y actúan en oposición irreconciliable. Es pues el hombre quien se determina en último término por el bien o por el mal.

Es Jesucristo quien nos pinta en forma plástica uno de estos caminos, el más común, en que el hombre se propone como meta de su vida el ser rico en este mundo, sin ser rico para Dios. Mientras que san Pablo en sus distintas epístolas nos viene repitiendo que andemos en el espíritu y no demos satisfacción a las concupiscencias de la carne. Por su parte, el apóstol Santiago nos enseña que: “Cada uno es tentado por su concupiscencia que le atrae y seduce. Después la concupiscencia, una vez consentida, engendra el pecado, y el pecado, una vez cometido, produce la muerte “.

 

EVANGELIO DEL DÍA

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